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REFORMA DEMOCRATICA
LINEA INTERNA DEL JUSTICIALISMO
CONTRA LA ACTUAL CLASE POLITICA
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07 – Texto completo del lanzamiento en 2002
LANZAMIENTO DE CANDIDATURA PRESIDENCIAL
Y PROPUESTA POLITICA
Jueves 18 de julio del 2002
A LA GENTE DE LA ARGENTINA:
Anuncio mi candidatura a la Presidencia de la Nación,
la candidatura de un desconocido, por el Partido
Justicialista, con mi propio programa para enfrentar
la gravísima crisis que sufre la Argentina, para que
se vayan todos, para terminar con esta clase política
corrupta e ineficiente que es culpable de la crisis,
para que la democracia sea una realidad porque es la
única solución, para encontrar por el voto de todos a
los nuevos dirigentes honestos y eficientes que el
país necesita, y sin olvidar el imperativo de
solidaridad nacional: hambre cero y enfermedad cero.
En resumen, los temas de mi programa y mis ideas, son
los siguientes; a saber:
01) Reemplazo de la actual clase política.
02) Reforma constitucional por el sistema
parlamentario.
03) Reforma electoral por distritos con candidaturas
uninominales.
04) Hambre cero y enfermedad cero.
05) Dolarización.
06) Autocrítica del Partido Justicialista.
07) Comisión Nacional contra la Corrupción.
08) Culpa por el aumento de la criminalidad.
09) Alineamiento o alianza con los Estados Unidos.
10) El voto de la gente como máxima fuerza de la
democracia.
A su vez, el desarrollo del programa y las ideas, es
el siguiente –sin perjuicio de ampliar durante
la campaña–; a saber:
01) La Argentina necesita una clase dirigente, es
decir personas honestas y eficientes. Estas personas
deben reemplazar en los cargos de gobierno a la actual
clase política, que es culpable de la gravísima
crisis. El reemplazo debe producirse por vía
democrática, mediante el voto libre de la ciudadanía y
dos reformas esenciales. Pequeñas pero esenciales.
Reforma de la Constitución Nacional y reforma de la
ley electoral.
02) La Constitución Nacional debe tener una reforma de
muy pocos artículos, pero esencial, con la finalidad
de establecer el sistema parlamentario. La reforma
constitucional tomará como modelos a Francia e Italia.
El sistema parlamentario permitirá realizar todos los
comicios necesarios hasta que el gobierno sea ejercido
por los mejores. En otras palabras, hasta que la
actual clase política, corrupta e ineficiente, sea
reemplazada por una auténtica clase dirigente. Los
nuevos dirigentes deberán formar gobiernos de
coalición, lo que colocará en primer término el
interés del país. Durante mi campaña, voy a anunciar
el texto completo para esta reforma.
03) La ley electoral debe tener una reforma también
pequeña, de pocos artículos, pero igualmente esencial,
con la finalidad de establecer el sistema de distritos
con candidaturas unipersonales para la elección al
Congreso. Cada ciudadano votará por un solo
legislador, el que deberá tener su domicilio dentro
del distrito. La reforma electoral derogará el sistema
de lista “sábana”. Así, dejará de haber
políticos ineficientes y corruptos que llegan a los
cargos gracias al caudillo de su partido y le
devuelven favores sin cuestionar las leyes que votan.
Los actuales miembros de la clase política podrán
presentarse como candidatos en todas las elecciones,
pero obviamente dentro del sistema individual que
comenzará a regir. Si la ciudadanía los vota
individualmente y ganan su distrito, serán miembros
del Congreso y de los gobiernos parlamentarios, porque
la reforma es democrática. Durante mi campaña, voy a
anunciar el texto completo para esta reforma.
04) En economía, la grave crisis que terminó
provocando la clase política con su sistema de
corrupción e inoperancia, requiere algunas medidas
insoslayables. Ante todo, hay un compromiso imperativo
de solidaridad nacional. En la peor crisis económica
de la Argentina, país productor de alimentos y rico en
recursos naturales, debe ser realidad el principio de
hambre cero y enfermedad cero. No puede haber personas
con hambre, niños desnutridos, personas sin atención
médica. Comparativamente, el costo de esta medida es
limitado. Su omisión resulta injustificable. La
educación básica también debe estar garantizada. Pese
a la grave crisis económica, el derecho a recibir
enseñanza básica es un requisito para que la Argentina
siga siendo un país democrático. Además, el futuro de
la Nación quedará anulado sin remedio en caso de
fallar la educación.
05) Pero es otro el tema polémico en economía.
Lamentablemente, hay que dolarizar. No con festejos ni
aplausos, como le dedicó al default toda la clase
política, en torno de un presidente fugaz. Dolarizar
es un drama nacional pero no hay otro camino. En
muchos años de corrupción e inoperancia, la clase
política destruyó la moneda. Podrían reunirse todos
los premios Nobel de economía y elaborar el plan
económico perfecto, pero en la Argentina ese plan
fracasará, porque la gente, traicionada infinitas
veces por la clase política, tarde o temprano tomará
por asalto las casas de cambio y comprará dólares, más
y más, o prohibido el cambio, renacerán como nunca los
“arbolitos”. Es cierto que muchos
argentinos, desde sus sentimientos e ideales, se
niegan a dolarizar, pero no hay opción, porque la
moneda perdió todo valor. Con el máximo respeto,
invoco un ejemplo de drama humano: el médico pide
autorización para amputar el brazo o la pierna a
nuestro hijo menor de edad como única forma de
salvarle la vida.
06) En política nacional, el Partido Justicialista
debe hacer su autocrítica. Humildemente, al postularme
como candidato a la Presidencia de la Nación,
encuentro necesario que nuestro partido haga una
sincera autocrítica, desde 1943 hasta hoy. El
justicialismo debe ser un partido absolutamente
democrático, y así será la Nación Argentina,
absolutamente democrática. La autocrítica del
justicialismo resulta indispensable para el bienestar
de la gente y el porvenir de la Nación. En otras
palabras, primero, está la Patria. El propio Perón,
durante su último gobierno en 1973 y 1974, dejó de ser
destinatario de críticas que le dirigieron antes, de
donde infiero que, a solas, supo hacer autocrítica. En
su último gobierno, Perón dijo: “Para un
argentino, no hay nada mejor que otro
argentino”, y antes, mucho antes, había dicho:
“Para un peronista, no hay nada mejor que otro
peronista”. Esta autocrítica de Perón, tácita, y
que parece tan simple, nos coloca frente a un
gravísimo problema de la sociedad argentina, la
antinomia, es decir la división profunda entre dos
fracciones de argentinos, superperonismo y
antiperonismo. Pasaron muchos años desde que nació el
justicialismo, y aún subsiste la antinomia, y además
abarca a un elevado número de personas. El problema
consiste en que ninguna nación puede alcanzar el
porvenir de grandeza si la convivencia entre la gente
se envenena con esta división. En primer lugar, la
competencia por el poder jamás justifica que los
dirigentes dejen crecer una antinomia. En segundo
lugar, Perón –que a mi juicio tuvo
extraordinarios aciertos pero también lamentables
errores–, durante sus 32 años de política, desde
1943 hasta 1974, permaneció exiliado 18 años, o sea
más de la mitad de su tiempo, desde 1955 hasta 1973.
Entonces, la antinomia tampoco sirvió para conservar
el poder. Estos simples datos demuestran la necesidad
de autocrítica dentro del justicialismo. Como el
argentino más humilde, voy a tratar de hacer la
autocrítica del justicialismo durante mi campaña, y
además invito a todos a participar, según mi criterio,
con la intención de unir a la Argentina pese a
cualquier discrepancia.
07) La corrupción debe ser desterrada de la Argentina.
Es necesario que el país sea un lugar cada vez mejor
para vivir, y la corrupción perjudica en forma directa
el nivel y el modo de vida. Por consiguiente, debe
establecerse una CONACOR, sigla que significa Comisión
Nacional contra la Corrupción. El modelo de la CONACOR
es la CONADEP, o Comisión Nacional contra la
Desaparición de Personas, que produjo el informe
“Nunca Más”, y estuvo integrada por
notables personalidades sin participación política, de
la talla de Ernesto Sábato y Magdalena Ruiz Guiñazú,
entre otros, durante el año 1984. La CONACOR recibirá
declaraciones y comentarios, y producirá su informe, y
junto al Ministerio de Educación y otras reparticiones
oficiales, y en esto a diferencia de la CONADEP,
aconsejará de qué manera continuar la campaña paciente
y perseverante contra la corrupción, hasta el día que
hoy nos parecerá lejano, en que los argentinos gocemos
el consenso de sentirnos una de las naciones más
honestas de la Tierra. Asimismo, debe establecerse la
CONACAU. Similar a la anterior, con otra composición,
tratará de expurgar el autoritarismo de todas las
relaciones de nuestra sociedad. A diferencia de la
corrupción, los rasgos autoritarios dañan también a la
propia persona autoritaria, y en cierto modo, son
involuntarios. La corrupción causa perjuicios más
graves, pero el autoritarismo también es un problema
de fondo, y afecta las relaciones del trabajo, el
estudio, la familia, hasta abarcar a toda la sociedad.
La Argentina puede superar, con mucha perseverancia,
el autoritarismo, para ser el país democrático de un
pueblo absolutamente democrático.
08) El aumento de la criminalidad, que la clase
política intenta disimular bajo el eufemismo de
“inseguridad” –sin conseguirlo–, será motivo de
todas las medidas necesarias para su control,
incluyendo el pedido de asesoramiento y ayuda
especial a gobiernos amigos y organismos
internacionales. El bienestar de la población
debe constituir en todo momento el primer objetivo
del Gobierno. Así como regirá el principio de
hambre cero y enfermedad cero, y se garantizará la
educación básica, debe brindarse seguridad total a la
población respecto de delitos de violencia y delitos
contra la propiedad. El eventual pedido de
asesoramiento y ayuda especializada a gobiernos amigos
y organismos internacionales, en modo alguno lesiona
el orgullo nacional, habida cuenta de la prioritaria
importancia de brindar seguridad a la población. Ahora
bien, al reflexionar sobre el voto en las próximas
elecciones, es preciso admitir que el aumento de la
criminalidad obedece a culpa de la clase política. La
grave crisis económica que causó al país la clase
política, con su corrupción y su inoperancia,
determina a su vez el aumento del delito. Esta es una
verdad elemental e insoslayable de las ciencias
sociales, que sólo la actual clase política argentina
simula desconocer, para desentenderse de su
responsabilidad. Las fuerzas policiales carecen de
capacidad suficiente para enfrentar el aumento de la
criminalidad, porque la clase política se desentendió
de su profesionalismo, y se limitó a establecer con
ellas un pacto sobre privilegios mutuos, y en
definitiva, las fuerzas policiales se moldearon a
imagen y semejanza de la clase política, se tiñeron de
la corrupción y la inoperancia de la clase política,
aunque en menor magnitud. Un proceso similar, afecta,
globalmente, al Poder Judicial. Los cacerolazos que
motivaron el juicio político todavía en trámite a los
miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación,
máximo tribunal del país, resumen el descreimiento de
la población por todo el Poder Judicial. Es imposible
esperar que un país con clase política corrupta e
inoperante, se destaque por honestidad y eficiencia en
la Policía y el Poder Judicial, o sea los órganos de
ejercicio concreto del poder, y cuyos miembros son
promovidos o designados por la propia clase política.
La sociología demuestra que la Policía y el Poder
Judicial asumirán las mismas características de la
clase política. Por cierto, hay excepciones, pero como
se dice, confirman la regla, y en todo caso, deben
meditar si accedieron al cargo sólo por mérito, aunque
lo tengan, o necesitaron “padrinazgo” o
apoyo político.
09) En política exterior, la Argentina debe continuar
el alineamiento o la alianza con los Estados Unidos de
América. La finalidad de esta política, debe ser la
paz en el mundo, y la democracia en todas las
naciones, y el mayor bienestar posible para toda la
población de la Tierra. No me parece adecuada la
denominación de “relaciones carnales”,
pues estas relaciones, caracterizadas por la intimidad
y la exclusividad, resultan denigradas cuando el
término se aplica a relaciones que pueden extenderse a
muchos Estados. Prefiero el término
“amigo” –pueblos, gobiernos, y
naciones “amigas”–, que en idioma
español, lo mismo que en inglés la traducción
“friend”, tiene profunda carga positiva y
transmite de inmediato la calidez a que aspiramos. Hay
que reconocer a los Estados Unidos de América como la
Nación más exitosa de la Tierra, en el sentido de que
logró para su pueblo el mayor bienestar posible hasta
ahora, y en democracia. Pero hay un lugar más
importante, que la historia de la humanidad tiene
todavía vacante, y está reservado a una Nación que
haga más, mucho más, que los Estados Unidos, y que
sería factible de realizar para la actual y exitosa
USA. En efecto, mientras todas las naciones que
tuvieron el primer lugar del mundo en las distintas
épocas, llámeseles imperios, imperialismos, o como
fuere, usaron siempre la relación con las demás
naciones en beneficio de sí mismas, en beneficio del
poderoso, lo que tendió a conservar el predominio,
alguna vez una Nación poderosa producirá el cambio
democrático en el mundo, no de un día para otro, pero
sí mediante un programa concreto, utilizando la
relación de poder en beneficio de las demás naciones.
En cierto modo, hay un ejemplo en la Segunda Guerra
Mundial, la hora más grave y decisiva en la historia
de la humanidad, cuando estuvo en juego el destino del
mundo, entre dos alternativas muy distintas, según que
ganaran la guerra las naciones democráticas aliadas a
los Estados Unidos o la Alemania nazi. Es importante
recordar que USA proclamó que luchaba por la paz y la
libertad en el mundo, y muchas naciones, incluida la
Argentina, recibieron presiones para declarar la
guerra a la Alemania nazi. Tras la victoria
democrática, la ayuda económica del Plan Marshall se
limitó a Europa. Hoy, muchos años después, las
naciones de Africa, donde también hubo graves combates
durante aquella hora decisiva, están sumidas en la
pobreza y la exclusión. A su vez, toda América Latina
parece pertenecer a un continente muy lejano de los
Estados Unidos. El lugar inigualable de una Nación y
un pueblo benefactores de la humanidad, permanece
vacante. En cuanto a mi campaña, ratifico la política
de alianza o alineamiento y considero que los
argentinos debemos ser “amigos” de los
norteamericanos.
10) La grave situación del país, convierte a estas
elecciones presidenciales en un plebiscito, donde se
resolverá si continúa la clase política actual, que
provocó la crisis por su corrupción e inoperancia, o
se reemplaza la clase política por personas honestas y
capaces, sin actuación política anterior. Salvo mi
persona, todos los demás candidatos son “más de
lo mismo”, o sea “más de la clase política
corrupta e ineficiente”, y ninguno de ellos
producirá el reemplazo necesario. Primero y principal,
porque tienen compromisos dentro de la clase política,
a la que pertenecen desde hace muchos años. Segundo,
porque ninguna de sus propuestas conduce a reemplazo
alguno de miembros de la clase política, más allá de
lo que digan, por demagogia, durante la campaña
electoral. Por el contrario, mi candidatura se funda
en el hecho acreditado de que la actual clase política
de la Argentina, no constituye la clase dirigente,
honesta, eficaz, y comprometida con el bienestar de la
gente y el futuro de la Nación, que todo país
necesita. Además, mi programa, basado en reforma de la
Constitución Nacional y reforma de la ley electoral,
para establecer el sistema parlamentario y la elección
mediante distritos de candidaturas uninominales,
producirá el reemplazo de la actual clase política, en
forma democrática, pacífica, institucional, ordenada,
sencilla, y absolutamente inevitable. El Congreso
Nacional tiene unos trescientos legisladores, miembros
de la actual clase política, pero estoy seguro de que
la Argentina, país de gente gaucha y capaz, tiene, no
trescientos, sino, por lo menos, tres mil hombres y
mujeres, desconocidos, sin actuación política, pero
honestos y mucho más eficientes, y que están
dispuestos y aceptarán la tarea de reemplazar a la
actual clase política, y conformar una auténtica clase
dirigente en favor de la Nación y sus habitantes. La
actual clase política, desesperada por mantenerse,
pretende que la culpa por la grave crisis corresponde
también a la gente, supuestamente porque la gente
nunca reclamó. Por cierto, es un argumento falso. La
relación entre los ciudadanos y la clase política es
el mandato, o sea una figura legal integrada por el
mandante, que es la ciudadanía, algo así como el dueño
de la cosa, y el mandatario, la clase política, el
administrador de la cosa del mandante. Curiosamente,
la figura legal del mandato definió a favor de los
patriotas el Cabildo abierto de Mayo de 1810,
permitiendo al pueblo reasumir su derecho a darse
autoridades. Pues bien, en el mandato, los
incumplimientos, errores, y posibles delitos del
mandatario, constituyen su exclusiva culpa y originan
el deber de resarcir al mandante, quien, a su vez,
tiene derecho a reclamar y a cambiar o destituir al
mandatario ineficaz. En otras palabras, la gente
carece de culpa en la actual crisis. Y el otro intento
de la clase política consiste en infundir a la gente
temor a lo desconocido, temor al cambio. Pero
fracasará. A lo que la gente tiene miedo, o terror
pánico, es al nuevo gobierno de la clase política.
¿Cómo estarán los argentinos dentro de cuatro años, o
dentro de apenas un año, con permanencia de esta clase
política, si ya llevó el país a la quiebra o default,
dejó a los bancos sin medios para devolver los
depósitos de la gente, disminuyó a la industria y al
comercio su producción y sus ventas, hizo aumentar la
deuda externa y el desempleo hasta batir todos los
récords mundiales, y por si fuera poco, retorna la
inflación, caen los sueldos, y aumenta la
criminalidad?. La mayor fuerza de la democracia, el as
de espadas, es la gente en los comicios. O se vota
para seguir con la misma clase política, o se vota
para que se vayan todos, para defenestrar a la actual
clase política y generar una clase dirigente en serio.
Dr. ALBERTO PAGLILLA
Abogado
Jueves 18 de julio del 2002
50 años de edad
Afiliado al Partido Justicialista desde 1989
Sin intervención en la política anterior
E-mail: reformademocratica@yahoo.com
Teléfono: (011) 4827-4976
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