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ENTRE TORQUEMADA Y LA WEB

Por Jorge Cagliani



El escritor Salsman Rusdhie vivió cerca de dos décadas en el exilio sorteando la de la pena de muerte que pesaba sobre su cabeza por ofensas al Corán. Una inocente caricatura de Mahoma, publicada  en un medio periodístico hace un par de meses, provocó atentados en diferentes países de la civilizada Europa. En el medioevo el tribunal de Torquemada mandó a la parrilla a quién se corriera un ápice de la doctrina de la Sancta Iglesia y la realidad indica que la intolerancia religiosa ha llevado a provocar mas injusticias que las que pretendió castigar.
En esta mañana un presunto cronista de  Voz de Bragado, sale al cruce de un comentario en solfa efectuado  en el foro de Bragado Virtual.
No esperábamos otra cosa.
Hace un par de años,  el director de  la Extensión Universitaria de Alberti  nos cursaba sendos telegramas,  invitándonos a retractarnos, merced a una presunta ofensa provocada a los magnos claustros que regía.
En realidad la publicación era un inocente chiste,  en el que de manera alguna se ponía en duda el nivel educativo de la institución, como el insigne letrado entendía, sino la testarudez del protagonista.
Mas tarde el Honorable Concejo Deliberante de la misma localidad,  sesionía en forma especial para debatir si desde la institución legislativa misma,  cabía el correspondiente desagravio a la cátedra educativa ante tamaña herejía.  
Y después decimos que en nuestro deliberativo local se van en minucias…

La nota en cuestión en el blog de B.V., aclaramos para los que pudieron no leerla, hacía referencia a un accidente de tránsito protagonizado por el sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica y Romana con asiento en la Parroquia de San Martín de Porres.
En realidad la parte humorística surgió a partir del tratamiento de la información, no del protagonista, (que fue algo que molestó a algunas personas por lo que pudimos saber) pero  tal parece nuestros colegas viven mas cerca de Torquemada que de la modernización de los medios por medio de la Web y no interpretan que el humor tiene solo la mera virtud de llamar a reflexión por medio del absurdo. (Que no es otra cosa que el sano mecanismo de la  riza)
En 20 años de periodismo, con las altas y las bajas de la profesión y escribiendo desde prestigiosos medios hasta en cuasi pasquines fotocopiados,
uno de los mayores motivos de haber mantenido cierta vigencia, creemos, ha sido el hecho que nunca decimos en privado lo que no podemos sostener en público.
No es de nuestro estilo referirnos con sorna a las personas o colocar motes desde las cobardes sombras. Sabemos no obstante de funcionarios,  periodistas y etcéteras,  que se burlan, por dar un ejemplo, de la baja estatura del primer mandatario – que no deja de ser una de las tantas discapacidades del ser humano- y que luego públicamente lo llaman altisonantemente  “señor” o familiarmente, Orlando.
Nuestra impronta podrá ser el sarcasmo y la trasgresión, pero no adscribirá jamás  a la hipocresía de los chupacosta de turno.
Respetamos la investidura de todas las denominaciones confesionales, más por contemplación a la fe de los feligreses, que por los valores en sí, pero los ministros son meros seres humanos con falencias de tales y  sus actitudes no consideramos  más nobles  que las del esforzado obrero que peregrina 40 años en su bicicleta a cocinarse al horno de Acerbrag.
De hecho existen infinitamente más casos de pedofilia en los claustros de la iglesia que en el gremio metalúrgico.

Cuando la dictadura prohibió a Mario Zapag por su caracterización de Jorge Luis Borges, el mismo escritor salió en defensa del comediante con una de sus clásicas frases inteligentes que hoy tanto extrañamos:
“Lamento que por culpa mía este muchacho se haya quedado sin trabajo”.  

Por eso no se equivoquen muchachos, apenas luchamos por nuestro legítimo derecho de opinión,  aspirando  se no compita desde la superación intelectual, no desde el agravio obsceno de los que se piensan con la potestad para  determinar las noticias que son dignas de tratar y por un nada  mandan a la hoguera a una niña por el solo pecado de no vestir sotana.