PARA DERROTAR AL SILENCIO
Por Jorge Cagliani
Jorgel35@hotmail.com
Gabriel García Márquez en del Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, (Zacatecas, México 1997) que en su discurso "Botella al mar para el dios de las palabras" creó una formidable polémica que ha traspasado el mundo de los expertos y de los gramáticos y se ha ampliado a los que leen o escriben, hablando sobre la importancia de las palabras recordó que los mayas tenían un dios especial para ellas.
En el mismo el premio Novel de Literatura se negó a aceptar que la imagen esté desplazando a las palabras "ni que pueda extinguirlas" sino que por el contrario, está potenciándolas ya que: "nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor"
LITERATURA Y POLÍTICA
No obstante la palabra, alejada del arte de la literatura y la cultura en general y como elemento contundente en la sociedad, cobra muchas veces dimensiones insoslayables, ya que se apodera de nuestra vida diaria y nos somete a sus más crueles arbitrios.
La información sobreexpuesta, por ejemplo, azota nuestra intimidad, se mete en ella, nos denosta en lo general y en lo particular, y el imperio de su presencia muchas veces se vacía de contenido ante la cacofonónica repetición a la que se expone.- El término "maestro", por dar un ejemplo, tan apreciado y definitorio, por repetido ha perdido su estatus en nuestros días.
Esa palabra, instrumento de dominación de las clases políticas modernas, transformada en promesa siempre incumplida, atraviesa en la actualidad y merced a la diversidad de medios que nos circundan y nos superan, un nuevo desafío:
Acercar a nuestros representantes al contexto, abofetearlos en el rostro y, al margen de exigirles el cumplimiento de sus compromisos, bajarlos a la realidad de la tierra, de la gente. Nosotros.
Nuestra dirigencia no demasiado ilustrada, que gobierna un Bragado chato y abúlico desde las coordenadas de Alsina, Brown, Belgrano y Rivadavia, y se nutre de la sola información de unos cuantos medios gráficos, radiales, televisivos o virtuales, ha quedado atrapada en un autismo de una presunta verdad que se obtiene en los panfletos que provoca, confecciona, da a confeccionar y que el mismo consume.
Esto constituye toda una masturbación política y hedonista de la cual les resulta imposible sustraerse.
El micro clima alimentado en los mentideros de las coordenadas virtuales, exacerba el autismo y ya le resulta más importante lo que aportan los chismes políticos (que también son palabras), que los problemas reales de la sociedad que se extenúa sin que sus panfletos lo informen.
MAS TURBADOS QUE NUNCA
Los políticos tal parece solo desean su parte del pastel mediático, no entienden que gobernar un proceso de diálogo y negociación, y ellos no lo pueden ver sino como una carrera para conseguir la foto que garantice su presencia en los medios de comunicación. El proceso de crecimiento de una comunidad no se construye con más fotos en los diarios, sino dando señales, sentándose a la mesa de negociación, pero no para negociar cargos ni vituallas, sino para concertar un gobierno más efectivo o una transición menos traumática y ominosa.
Pero, hablando de la interna partidaria en si, ningún diálogo ni negociación pueden alcanzar el éxito si las partes no renuncian a vencer. Si cada uno utiliza la porción de poder que obtuvo en la Nación, La provincia o la sección solo para ver quién derrota al contrario, todo esto para ser derrotados juntos o separados al final.
Son reflexiones al azar, por supuesto, como dijera Gabo "como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que les lleguen al dios de las palabras" y que de ser posible este desarraigue en nuestra clase dirigente el bárbaro atrevimiento de la ignorancia.
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