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GRACIAS POR SER COMO SOS

Actúan:

WALTER:  (Chofer de Martha Goligarca. Hombre maduro. Viste uniforme.)
MARTHA GOLIGARCA:  (Mujer adinerada de mediana edad.)
ERNESTO:  (Cantor popular un tanto estereotipado. Hombre maduro como Walter.)

(A la humilde casita de WALTER, llegan WALTER y MARTHA GOLIGARCA.)

WALTER: (Entrando.) Adelante, señorita Goligarca. Como le dije mi casita es muy humilde pero nada me haría más feliz que usted pueda sentirse cómoda y protegida en ella.
MARTHA GOLIGARCA: (Marcando distancias.) Mire, Walter. Usted bien sabe que yo no tengo por costumbre frecuentar la morada de mis subordinados. Si accedí a su invitación de hacer un alto en el camino, es porque usted ha sido mi chofer durante tantos años y de alguna manera también es mi confesor.
WALTER: Es verdad, señorita Goligarca. Tome asiento por favor.
MARTHA GOLIGARCA: Aunque debo serle sincera, Walter. También acepté su invitación porque me siento tan sola, tan desdichada, tan incompleta... ¡Pobre niña rica!...
WALTER: ¡Quién iba a decir! ¡Con todo el oro del mundo!
MARTHA GOLIGARCA: Y sí, Walter. Yo viviré sumergida en un yakuzi pero también tengo sentimientos.
WALTER: (Tosiendo nervioso, tratando de acomodar la voz.) ¡Y en cambio cuan dichoso es este noble súbdito en ser el depositario de las angustias que empañan el parabrisas de su existencia, señorita Goligarca!
MARTHA GOLIGARCA: (Sin escuchar, novelesca, con la vista perdida.) Soy la única heredera del imperio de los Goligarca, pero mi alma no haya puerto, Walter. Es lógico. Para una mujer lugarteniente cualquier hombre es un oportunista. Sólo me resta elegir al más endeudado. (Transición.) No vaya a pensar que soy una regalada, Walter.
Usted mejor que nadie sabe lo mucho que me cuesta hablar de mis intimidades y encima en la casa de mi propio chofer.
(Parándose, determinada.) ¡Terminemos con esta tontería, Walter! ¡Condúzcame a la residencia inmediatamente!
WALTER: (Parándose.) Pero, señorita Goligarca...
MARTHA GOLIGARCA: (Se vuelve a sentar.) Tiene razón, Walter. De nada sirve continuar huyendo. Así me refugie en cualquiera de mis latifundios, la soledad y la penuria me sorprenderán inevitablemente al caer la noche.
WALTER: (Insinuante.) Mire que yo de noche no tengo nada que hacer.
MARTHA GOLIGARCA: Prefiero la soledad y la penuria a tener que pagarle horas extras y horario nocturno, Walter.
WALTER: ¡Pero si para mí sería un placer, señorita Goligarca!
MARTHA GOLIGARCA: Recuerde que nunca mezclo el trabajo con el placer, Walter. ¡Aunque debo reconocer que a veces me siento tan tentada! Es natural. Soy una mujer, Walter. Con mucho dinero, pero soy una mujer.
WALTER: Daría la vida por ser un habitante de sus fantasías, señorita Goligarca.
MARTHA GOLIGARCA: Usted pensará que le falta poco para terminar de conquistarme y hacerme definitivamente suya, Walter. Nunca entendí porque a partir de una relación laboral, donde la mujer ejerce la parte dominante, el hombre se ratonea imaginándosela a una con látigos, cadenas y otros elementos sadomasoquistas.
WALTER: ¡Tiene razón! ¡Yo daría cualquier cosa por una paliza suya, señorita Goligarca!
MARTHA GOLIGARCA: Usted no vaya a pensar que esto es premeditación, Walter, (hurgando en su cartera) pero casualmente yo siempre llevo conmigo algunos utensilios básicos para casos de emergencia (saca un látigo, un antifaz de cuero, un pedazo de cadena, etc. Walter comienza a desabrocharse la camisa. Luego de un instante guarda todo repentinamente en la cartera.) Pensándolo bien no debería involucrarme sentimentalmente con usted, Walter.
WALTER: ¡Ah no! ¡Ahora me va a tener que dar pa’ tabaco, señorita Goligarca! ¡Si no me pega yo le hago una huelga de brazos caídos!
MARTHA GOLIGARCA: ¿Usted no será de izquierda, Walter? Sería una desilusión para mí después de tantos años enterarme que mi chofer es izquierdista. (Disimuladamente, Walter voltea un portarretrato con la imagen del Ché Guevara que está sobre la mesa ratona.)
WALTER: ¡Mi única ideología es estar a sus pies, señorita Goligarca!
MARTHA GOLIGARCA: Asumo que es heterosexual, Walter.
WALTER: ¡Nooo!... A mí me gustan las mujeres, nomás.
MARTHA GOLIGARCA: (Evadiendo el juego sexual.) Usted no me malinterprete, Walter, pero yo lo considero como de la familia a usted. Lo nuestro sería incestuoso. Si quiere le juego un truco, le decoro la casa, le destapo el water, Walter, pero no me obligue a cometer una locura. ¡Suélteme, Walter!... ¡Déjeme!...
WALTER: (Postulándose.) ¡Yo podría ser más que su chofer y confesor, señorita Goligarca!
MARTHA GOLIGARCA: ¿Me está pidiendo un ascenso, Walter? ¿No le alcanza con lo que gana?... ¿O me está proponiendo matrimonio? Si lo que busca es un aumento salarial, considérese despedido, Walter.
WALTER: ¿Y si le estuviera proponiendo matrimonio, Señorita Goligarca?... (MUSICA.)
MARTHA GOLIGARCA: Lo podría considerar... Todo a su tiempo, Walter. Respéteme la investidura.
WALTER: Mientras tanto yo voy a buscar el almanaque de la cocina para ir bichando una fecha tentativa, ¿no le parece?...
MARTHA GOLIGARCA: ¡No tan de prisa, Walter! Si me voy a involucrar con usted primero lo quiero saber todo. ¿Qué vicios tiene? ¿Cuánto me oculta de usted mismo, Walter?... No le faltarán los amigotes. ¡Que cosa que detesto! Formalizar con un hombre es formalizar con sus amigotes. Por eso yo siempre me mantuve al margen. No hay peor cosa que los amigotes y los izquierdistas. Ni hablar de los amigotes izquierdistas. No piense que soy prejuiciosa o ignorante, Walter. Yo sólo defiendo lo mío.
WALTER: (Seductor.) ¿Y eso me incluye, señorita Goligarca?
MARTHA GOLIGARCA: No conocía su lado seductor, Walter. Aunque más de una noche haya fantaseado con sus ojos insinuantes en el espejo retrovisor. (Seductora.) ¿Tiene alguna música apropiada para esta situación, Walter?
(Ernesto golpea las manos y sin esperar ser atendido, irrumpe con su guitarra.)
ERNESTO: ¡Salud, compañeros! La señorita dijo música apropiada y no se equivocó. Aquí llega Ernesto, el cantor que canta las cuarenta. (Le da un beso a Walter.) ¿Qué hacés, mariconazo? Allá en el Comité todos preguntan si estás enfermo porque pasaste a la clandestinidad. A vos que sos el más revolucionario de todos no te perdonan que faltes a dos reuniones seguidas. ¿No me vas a presentar a la compañera?...
MARTHA GOLIGARCA: No va a hacer falta yo ya me estaba retirando. (Se para y junta sus cosas.)
WALTER: De ninguna manera, señorita Goligarca. Permítame encargarme de la situación.
ERNESTO: (A Walter.) Walter, si querés que me vaya me lo decís de una y listo, hermano. Yo no sabía que también te gustaban las mujeres a vos. (Acomodando el portarretrato del Ché.) Mirá, se te cayó el retrato del Ché.
WALTER: Mirá, Ernesto. No lo tomes a mál pero te voy a tener que pedir...
ERNESTO: (Interrumpiéndolo.) Ya sé lo que me vas a pedir. (Tomando la guitarra.) ¡Cómo lo voy a tomar a mál, pedazo de un marmota! Desde que nos conocemos que me pedís siempre la misma canción.
(Canta un fragmento de “A desalambrar”, de Daniel Viglietti.)
“Yo pregunto a los presentes, si no se han puesto a pensar, que esta tierra es de nosotros y no del que tenga más, a, a, a, a, a, a... A desalambrar, a desalambrar, que la tierra es nuestra es tuya y de aquél, de Pedro, María, de Juan y José e, e, e, e, e, e,... ”
MARTHA GOLIGARCA: (A Ernesto. Suspirando.) ¡Ay, Ernesto! ¡Si usted supiera como me excitan los hombres que no reniegan de sí mismos! (Seductora.) ¿Usted sabe manejar?
ERNESTO: Yo me sé manejar en cualquier ámbito de la vida, compañera.
MARTHA GOLIGARCA: (Tomándolo de un brazo.) ¿Por qué no se viene conmigo y me explica cómo es ese temita de la Reforma Agraria, Ernesto? ¿No le importa si lo llamo: Ernest?
ERNESTO: ¡Primero tendríamos que hablar un poquito sobre la lucha de clases, compañera!
MARTHA GOLIGARCA:  (Excitada.) ¡Ay!. ¡Que romántico!.
ERNESTO: (A WALTER.) ¡Gracias por ser como sos, Hermano! (Salen.)